Solía escuchar tus sonrisas.

Tengo un nudo que cuanto más hablo más se aprieta y se endurece, y que me cuesta tragar.
Entonces solo puedes escuchar un susurro que mi corazón me chiva a decir:

El otro día fui por el camino más largo para llegar a casa, escuchaba música que me recordaba a ti. El tiempo era perfecto, corría una suave brisa, sintiéndome cómoda con la chaqueta. Y entonces me di cuenta la falta que me hacías, porque de unas calles vacías y otras ahogadas por la contaminación, dibujaba siluetas de nosotros con luces de neón corriendo, saltando, o solamente caminando, en un atardecer que se despedía de mí a medida que perdía el sentido del tiempo y del espacio. Y a veces me cabreaba conmigo misma cuando al dormir me quedaba inconsciente en mitad de un paisaje, de un recuerdo, de un hola sin un adiós. 
Todo es una subida que baja con fuerza dejándote sin respiración cuando le da la gana.


































¿Por qué me haces creer? 



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